A mediodía de este martes, el obispo de la Iglesia en Magallanes, Óscar Blanco, visitó el hogar de Ciro Omar Barría Vargas en Puerto Natales para comunicarle personalmente que fue distinguido con el Premio por la Paz 2025, reconocimiento que otorga anualmente la Diócesis de Punta Arenas cada 31 de diciembre a personas o instituciones que destacan por su compromiso con la comunidad y la convivencia pacífica.
Ciro Barría nació en Punta Arenas en 1959. Desde joven cultivó un profundo vínculo con la naturaleza, forjado en su infancia en Laguna Azul y reforzado en su formación en la Escuela Agropecuaria de Las Mercedes. En 1978 inició su trayectoria en Conaf, y al año siguiente se convirtió en el primer y único guardaparque del Monumento Natural Cueva del Milodón, cuando el sitio abrió por primera vez al público.
Durante años desarrolló su labor en condiciones extremadamente precarias, con extensos turnos y una infraestructura mínima, sosteniendo la unidad prácticamente en soledad. A lo largo de 45 años de servicio, Barría no solo resguardó un área clave del patrimonio natural de Magallanes, sino que también se transformó en un apoyo permanente para investigadores, brigadistas, turistas y vecinos, colaborando en emergencias y participando en grandes incendios del Parque Nacional Torres del Paine.
Su trato humano y empático marcó a generaciones de guardaparques y a actores del mundo científico y turístico. Su legado quedó incluso inscrito en el territorio, cuando el arqueólogo Luis Alberto Borrero bautizó un alero cercano a la Cueva Chica con su nombre.
El Premio por la Paz 2025 reconoce precisamente esa trayectoria silenciosa y ejemplar, donde el cuidado de la naturaleza fue inseparable del cuidado de las personas. Compañeros, investigadores y miembros de la comunidad coinciden en que Ciro Barría encarna valores fundacionales del guardaparque magallánico: vocación, sacrificio, solidaridad y amor por el territorio. Tras su reciente retiro de Conaf, la comunidad agradece a un trabajador que honró su labor con humildad y dejó una huella profunda en la historia ambiental y humana de la región.